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Palabras de Batalla

Martes, 29 de agosto de 2006

Para Alexia en su "exilio" o "cativerio"...

No existen límites más allá de el mismo Dios, para un ser cuya alma se ha hecho a imagen y semejanza. El cuerpo y el entendimiento humano es lo único que limita al alma y la mente. La esencia pura sólo adquiere el brillo, el entendimiento y comprensión para lo que puede incluso trascender. Es así como un “ángel” no puede limitarse a un encierro corporal, solo se le representa y en el mejor de los casos deja un poco de si, pero no se encuentra sujeto a leyes físicas y dado que no tuvo esa conciencia “limitada” por su humanidad no puede ser atrapado, pues regresa a su fuente y si la fuente continúa, el agua sigue fluyendo, a menos que se detenga el funcionamiento de la misma. Un humano puede ser atrapado, hasta que comprende y cree que el cautiverio es sólo físico.

Es un espejo dentro de un sueño,
es innombrable lo que el alma resguarda,
es una perla dentro de una esfera,
es esconderse en una caja dentro de una jaula,
en el mundo onírico en el mar de sangre.

El cuerpo, un cuerpo, una prisión,
una luz, un centro, un punto en el cielo,
ciertos ases en conexión con el uno,
y de giro en giro, el círculo se completa
en la trama universal de la flama etérea.

Halo azul, cielo rojo,
el final y el inicio entramando espirales,
para reunirse en destino encontrados
para desafiar conforme albedríos,
esa fue su libertad, su prisión,
su guarida entre los hielos.

Entre círculos, a base de fe,
encerrado en una esfera,
dentro de una caja de cristal,
luchando a favor y en contra de los destinos,
entre metáforas oníricas,
soñando a través del espejo.

Judith de Leija / Stephanie Gloucest

Por: R. de la Vega | Judith | Comentarios (0) | Referencias (0)

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