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Palabras de Batalla

Jueves, 23 de febrero de 2006

De viaje, sin ti... a sabiendas que te llevo

Si he de seguir el camino de los débiles,
la senda comenzada por la traidora a quien nos ha dado orígen,
entonces en un lapso comprenderás que mi cordura no depende de mi,
que cada que me des la espalda no te apuñalaré,
pero bien es cierto que volaré… tu eres mi freno,
mi carcelera o mi “ángel negro”, perdón… guardián.

Si crees que ha muerto, pues no sé que decirte,
aún la siento, su sangre me dio vida al correr la mía,
no le tengo mas que agradecimiento pues me condujo a ti,
pero le odio tanto como mi locura me hizo titubear…

¿Detestarte por robar el legado que le correspondía?
¡Estoy loca, no idiota!,
y si por mí fuera le arrancaría la garganta con mis garras,
pues cual sombra me sigue esta incoherencia.

Hoy viajo…
cuando despiertes ya habré partido un día atrás respectivamente,
tengo una presa en la mira, cosa rara… quiero manjares lejanos,
sabes que odio estar estática, sabes que anhelo el arte
mas no lo aprecio como tú… ¿entiendes mis palabras?
comienzo a desesperar como un cuerpo en busca de alivio a su excitación,
pero va más allá… lo podrías escuchar en tu sangre…
pero estallarías, aunque me calcine… para que eso no ocurra,
¿entiendes? Yo cada vez menos…

¿Cómo sería la esposa de Arvain exaltada?
Nadie lo ha visto,
quizá sea un deleite que no muchos puedan apreciar,
quizá el dolo de tus ojos ensangrentados mate a quien tenga
aquel honor de conocerte así…
Quizá esa ira que posees, tan recóndita
me hace “amarte a este grado”,
me hace “temerte” y seguirte ciegamente,
me hace tener en cuenta de que sólo contigo estoy segura,
(viajo y sé que soy vulnerable).

El fuego en tus manos, pareciera quemar tu cuerpo y
tu derredor se consume tan lentamente e imposible de apagar;
tu grito es más melódico que un réquiem y tan mortal hasta para una deidad,
bien consumiría las entrañas de quien al otro lado del mundo te perciba;
tu presencia puede extinguirse y en un instante aterrorizar al más antiguo;
la alquimia brota de tu más insigne gesto,
y el aire tu elemento, el tiempo es nulo;
tu mirada que “descarna” cualquier verdad muerta...
la luz del sol no es algo que deba preocuparte.

Pero ¿cómo?,
No es algo natural, que puedas, ni debas…
Sin embargo… no es cosa que me incumba,
ni que el mundo sepa, o deba saber…
Soy un testigo mudo… soy tu compañera y esclava,
quizá una traidora en potencia,
quizá sólo un recuerdo de él.

Por: R. de la Vega | Erzebeth | Comentarios (0) | Referencias (0)

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