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Martes, 14 de febrero de 2006
“La muerte es necesaria, no por que la vida deba terminar, sino por que la vida continúa aún después de ella, la muerte es una transición a lo que la misión personal contemple, si bien se ha de conservar cierta humanidad, sigue siempre un fin o un deseo cumplido por derecho o ganancia”
Judith de Leija
Breve cuento:
Si bien puede ser un “derecho” o “ganancia” la vida o la vida continuada, es, cual alma de doble filo el punto más tortuoso de una condena.
En algún punto un hijo de la eterna noche fue obligado a cambiar su humanidad por un “bien mayor” la consecuencia fue el pecado mortal de la “inmortalidad” , a su vez su línea sanguínea humana continuó, siendo el, partícipe de su prosperidad generacional, sacrificando su alma por la de su descendencia, lo cual convirtió el infierno en “vida” en purgatorio mundano, hasta que otro elemento en vida mortal reanimó la tan cansada alma de este viajero temporal, el supuesto “inexistente amor” (hablando de este término como, letal) convirtió el pecado de uno en debilidad de otra alma uniéndose en el camino de las tinieblas, en este mismo “amor”.
La destrucción llegó por fin al ya muerto cuerpo de el viajero, y su alma vagó en un limbo pues dejó de ver la luz de “su dios” y negó existencia humana, y en este limbo se mantuvo hasta que fuese liberado o el deseo de ella encontrara el modo de hacerle volver.
El Apocalipsis vampírico se sobrevino, los hijos de los hijos desaparecieron junto con el patriarca, incluyéndola. Pero el alma de quien buscó un fin (justificó el medio) y subsistió, bebiendo del pecado que de quien en un principio nombramos como el “ladrón que roba a ladrón”, regresando a ocupar el lugar de quien siendo su “hermano” usurpó para bien propio, dejando de lado una vez más su redención a favor de su descendencia…
Sólo un deseo pidió, renacer en la siguiente generación ante los últimos en la línea de él y de su compañera “inmortal”… deseo del que tuvo que renunciar por destino final.

¿Qué pecado comete aquel que en contra de su voluntad es forzado a cumplir un destino del cual ya no tiene salida? No es un mártir dado que convirtió su pena eterna en forma de salvación para otros, sacrificando su propia alma a favor de su descendencia. Sin embargo regresó del mismo modo de aquel al que llamamos en un principio ladrón que con alevosía tomó a su padre por el bien propio, siendo partícipe del mismo pecado que su “hermano” para de este modo volver a cuidar de su línea de sangre mortal, aceptando de buena gana el destino en vida que el pecado de la eternidad le orilla a sobrellevar ocupando el otro lugar de la balanza.
Toda alma es merecedora de un juicio, de una absolución y de una guía, todo punto a favor lleva a la redención y los encontrados con conciencia de lo que indebidamente llamamos “El Mal” merece el castigo del que no muchos comprenden en magnitud.
Se ha de necesitar almas empáticas para conocer el dolor de una sonrisa que llora por dentro. Una visión certera de lo que hay más allá de lo evidente para que la comprensión y la estabilidad proporcionen el debido balance y juicio ante lo que nuestra humanidad alcanza a discernir.
Lo existente ES por que el Todopoderoso así lo permite, y no puede existir algo sin el peso contrario que lo sustente, si algo acaba, o regresa para continuar lo que como predestinado corresponde o abre puerta a algo mayor pero siempre bajo el crecimiento proporcional de su contraparte.
Quien regresa en lugar de “Caín” tiene que cumplir y mantenerse conforme su naturaleza se lo exija, o se traicionaría a sí mismo, si sus adentros le queman y le llevan a reconciliarse con su esencia tendría que seguir de igual forma lo que su ánima le mande, de lo contrario “la locura tocará su alma” y no hay modo aún posible de sanar un daño de esta magnitud en un ser ya de inicio corrupto. Sólo la fe, que a este grado es inexistente…
Sin embargo, siempre hay forma…
Judith de Leija

Ahora que, si de pecados hablamos, he de confesarme pues católicamente estoy en pecado mortal.
Tropezando, sin evitar el alboroto de una escandalosa caida...
Por: R. de la Vega | Judith | Comentarios (0) | Referencias (0)